Opinion

Al son que me toquen bailo

Por: Miguel Aroca Yepes

El juego de intereses nos lleva a encomiar o despotricar de la justicia, dicho coloquialmente, cada uno habla de la feria como le vaya en ella, porque aquí no se litiga, se intriga, escenario en el que se mueven bufetes de abogados que posan de lumbreras jurídicas, pero secundados por profesionales asalariados que sin figurar son talentosos en el campo del derecho.

Ya hay propuestas en torno a una reforma a la justicia vía referendo, porque la decisión judicial no me favorece, porque el sistema está politizado y hay que crear una Corte única y cambiar el mecanismo de elección de los magistrados.

Se cocina otra enmienda constitucional y un nuevo acto legislativo para llegar a una justicia tipo sastre, esto es, hecha a la medida de mis caprichos y vanidades, vale decir una Constitución al vaivén de… -“Al son que me toquen bailo”-. Cuán sorpresa me dio auscultar varios procesos en estrados judiciales cuando me iba a pensionar como Periodista, al encontrar una reforma relámpago al sistema pensional, pues únicamente estuvo vigente 5 meses, lo que a las claras reflejaba que había que acomodar a alguien influyente para que accediera a la pensión de jubilación.

La justicia está politizada y se deben introducir reformas cada vez que se nos antoja, es el predicamento jurisprudencial amañado, más por conveniencia que por razón jurídica o social, como si la Carta Política fuera un instrumento maquiavélico y perverso y no un Estatuto de resolución de problemas y conflictos.

Lo que se prueba no se discute, pero son protervas intenciones que navegan en un mar de leguleyadas, y ejemplo palmario de ello es Colombia que gobierna con 6 millones de leyes, y excúsenme la aliteración, mientras que Suecia sólo se rige por 4 normas, simple y llanamente porque cuando es más corrupto el Estado hay más leyes.

Entonces no basta con una espiral sinfín de reformas a la justicia, sino se genera una cultura de valores, comenzando por la vida, el más preciado, pero a la vez el más hollado, premisa que retrata al excandidato presidencial Horacio Serpa Uribe en su reciente frase: “La paz es muy difícil mientras valga más una bala que una idea”. Parafraseando a Aristóteles: no olvidemos que “Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en lo absoluto”, porque siempre habrá mentes retorcidas que miran a los demás en términos monetarios al despejar la ecuación de Maquiavelo: del poder político al poder económico y del poder económico al poder político.