Opinion

La Transformación de Valledupar debe ser Integral

Por: Juan Cataño Bracho

El doctor Aníbal Martínez Zuleta (q.e.p.d.) llegó a la conclusión que una de las principales dificultades que tenía nuestra ciudad (Valledupar) era que sus gobernantes antes de llegar al cargo no habían conocido ninguna gran ciudad en el mundo. Por lo tanto como no tenían ninguna gran ciudad en la cabeza no podían proponer ninguna gran ciudad. Por cultura, sabemos que no es común entre nosotros la aspiración de recorrer el mundo y esto nos limita en el conocimiento del verdadero desarrollo, no un teleconocimiento, sino el contacto con el desarrollo desde el punto de vista de la vivencia. Lo que es constante entre nosotros es que nuestros gobernantes ya en el cargo es cuando tienen la posibilidad de viajar a algunas ciudades importantes del mundo y que al final termina convertido más en un viaje de placer que en un viaje de trabajo, porque nada de lo que ven se materializa en nuestra ciudad. 

Además de lo anterior, nos enfrentamos al problema de que la mayoría de los habitantes de Valledupar no estamos satisfechos con lo que tenemos, pero tampoco tenemos claro la ciudad que queremos. Como lo afirmó un columnista de otro periódico: “En Valledupar, las cosas van al garete porque carecemos de un proyecto común para construir la ciudad soñada, amable, abierta y atractiva”.

Nuestro mal es mayor si le sumamos que, a pesar de los avances de la ciudad, algunos estamos dormidos en la añoranza del  Viejo Valledupar, si te volviera a ver, como fuiste ayer típico y colonial, casitas de bahareque con sus palmas caladas, otras de calicanto y sus tejas coloradas”; desconociendo que “plátano maduro no vuelve a verde” y no nos queda más que asumir la nueva situación de lo que avanza hacia una gran ciudad, lo que implica adoptar nuevas estrategias desde el punto de vista de la Planeación, Movilidad, Seguridad, Producción y Cultura Ciudadana, entre otras. 

Esos deseos nostálgicos de volver a las tertulias de las terrazas de nuestras casas ya no podrán hacerse realidad, porque, entre otras cosas, nuestros barrios se llenaron de foráneos que no comparten las mismas costumbres y los delincuentes también llegaron o se formaron entre nosotros, por lo tanto son una amenaza para esas viejas costumbres. No nos queda más que llevarlas al patio.

Porque no nos podemos conformar con la Inseguridad reinante en la ciudad debemos enfrentarla y afrontarla adoptando nuevos comportamientos que nos hagan menos vulnerables a la delincuencia: nuestras mujeres debieran dejar de llamar la atención con sus ostentaciones en el vestuario y sus accesorios, por ejemplo, pues no debemos olvidar que la ocasión hace al ladrón y que hay entre nosotros quienes salen con la idea de trabajar, pero si “le damos papaya” roban, atracan y hasta matan. 

Vamos a ponernos en sintonía con la realidad de las ciudades, desde  el “Crecimiento ordenado dentro de una urbanización planificada, con vías suficientes y en buen estado, acompañada por suficiente disponibilidad de servicios públicos esenciales. Adecuada cobertura en educación y salud figuran dentro de los requerimientos de primer orden para poder optar a un nombre que  va más allá de la simple clasificación territorial otorgada por la normatividad jurídica con fines de organización política”.

No hay duda que el deseo de vivir con mejores comodidades llenó a nuestra ciudad de gente sin cultura Ciudadana que haría menos daño en el campo. Porque no es sólo la delincuencia la que nos afecta, es también la falta de Sentido de Pertenencia y Cultura Ciudadana, que no es más que el interés de adaptarnos a una Nueva Realidad Social, a partir de la aplicación de Principios Adecuados.  La ilegalidad se mantiene en las ciudades porque todos, de manera voluntaria o involuntaria, la justificamos.        

Pero toda esta angustia sería más llevadera si confiáramos en la capacidad de nuestros gobernantes, que en el momento actual está mucho más menguada, toda vez que quien ostenta el poder como Alcalde, Mello Castro, no goza del reconocimiento y confianza por parte de sus gobernados, por su falta de autoridad y carácter, y quienes deben cogobernar, los concejales, a pesar que representan el anhelo de hacer parte de una nueva generación, no llenan los requisitos de representar un cambio de costumbres políticas y antes por el contrario representan es el continuismo y las malas costumbres arraigadas desde quienes heredaron el poder. Al parecer vivimos en la época de los espantapájaros, en el poder, que, como los muñecos distractores en la agricultura, simulan ser personas cuidando y gobernando el cultivo, para liberarlo de las asechanzas de las aves depredadoras, con tan mala suerte que, tampoco, tenemos la certeza de quién es el verdadero granjero o quien detenta el poder detrás del trono, porque ya estamos acostumbrados que algunos para ganar el poder utilizan la imagen de alguien que aunque no representa una esperanza puede, con su fotografía, captar la simpatía de los ignorantes; para tener, siquiera la esperanza, de que nuestra ciudad puede llegar a ser un mejor vividero y una urbe bien planeada. 

No nos cabe duda que Valledupar, ahora, vive un momento de ambigüedad administrativa; con un “Alcalde” que no pasa de ser un buen muchacho y unos concejales que han sido inferiores a su responsabilidad de ejercer control político y, como sus antecesores, van solo detrás de los privilegios personales.  El carácter emergente de la ciudad de Valledupar requiere de verdaderos líderes al poder, que tengan conocimiento, experiencia, carácter, ganas y necesidad de hacer las cosas bien. Nos equivocamos sí, con el deseo de rendirle homenaje a nuestros fundadores, elegimos pelagatos, a quienes ungimos de poder arriesgando nuestro futuro.