Opinion

Los desafíos de educar y estudiar en época de Pandemia

Por: Margarita Sáenz

Directora Ejecutiva de Enseña por Colombia

En el marco de la emergencia sanitaria, los estudiantes retomaron sus clases de manera virtual, lo que ha generado un fuerte impacto en la operación del sistema educativo. En algunas familias, padres y cuidadores hacen malabares para acompañar a sus hijos en el desarrollo de las actividades académicas, mientras hacen teletrabajo y adelantan las actividades del hogar.

En otros hogares, los hermanos mayores cuidan de sus hermanos pequeños y tratan de hacer tareas, mientras sus padres rebuscan los alimentos del día. Por su parte los profesores están diseñando nuevos materiales y actividades, poniendo en funcionamiento plataformas y buscando maneras creativas de adaptarse a las nuevas circunstancias. En últimas, todos estamos buscando que el sistema siga operando bajo la situación actual.

Después de días de frenesí, se comienza uno a preguntar para qué. ¿Cuál es el propósito? ¿Para qué educar bajo esta coyuntura?  Una primera respuesta pareciera ser, para tener a los niños ocupados. Es una respuesta válida cuando los padres y cuidadores están tratando de trabajar desde casa. En otros contextos, la pregunta resulta irrelevante. Las familias están tratando de sobrevivir y la educación es la última de sus preocupaciones. El acceso a los alimentos, al agua, mantener unos niveles mínimos de convivencia, evitar el abuso a mujeres y niñas, en fin, son los problemas más apremiantes. 

Pero con un poco de silencio y pausa, la respuesta de fondo es evidente. Educar en época de coronavirus tiene el único propósito rector que nos debe guiar siempre pero que se desdibuja con facilidad: que los niños y jóvenes aprendan.  ¿Y qué tienen que aprender ahora?, esta será la primera de muchas pandemias globales que deben navegar las generaciones más jóvenes, por eso no podemos desaprovechar la oportunidad para avanzar en su formación como ciudadanos del mundo que en este momento nos está tocando vivir, y que ellos van a heredar como miembros de sus comunidades y familias.

En estas semanas de reflexión, en Enseña por Colombia hemos identificado aquello que nos parece clave, que los niños y jóvenes aprendan en estos tiempos de COVID 19, sea cual sea el contexto social donde viven.

En primer lugar, esta es una oportunidad para que los niños y jóvenes desarrollen un pensamiento crítico y para analizar la información que les llega a ellos y los adultos de sus hogares, hacer preguntas y sacar sus propias conclusiones de lo que está pasando. La innumerable información que circula en medios y redes sociales son un buen pretexto para hacerlo.

En segundo lugar, la convivencia durante la cuarentena requiere regulación emocional. Comunicar lo que sienten, gestionar sus emociones en situaciones de conflicto, mantener el buen ánimo y manejar la ansiedad y el estrés son habilidades que pueden desarrollar ahora.

Finalmente, esta emergencia nos permite comprender mejor cómo funciona la sociedad global. Esta es la oportunidad para entender el impacto de nuestras acciones individuales y la responsabilidad colectiva que tenemos frente a los retos sistémicos del mundo. También se visibilizan de manera más aguda las brechas sociales existentes en nuestro país, y crecen mientras avanza la emergencia.

Continúa el asesinato de líderes sociales, el impacto de la emergencia en las minorías étnicas y la población rural, al igual que la falta de acceso al agua potable se hace más evidente, la inseguridad alimentaria de millones de familias, y la violencia de género se agudiza en la cuarentena.  La tarea de formar ciudadanos que lideren y movilicen a sus comunidades en momentos de incertidumbre como este, no se quedó en el salón de clases. Debemos aprovechar esta coyuntura para que todos aumentemos nuestro sentido de justicia social y desarrollemos empatía por el otro.

Esta coyuntura nos regala una oportunidad única para que todos vuelvan a la pregunta fundamental: ¿Para qué educamos? No perdamos de vista el propósito final y permitámonos ser tocados y transformados por esta crisis, para repensar el sistema, dejarnos desafiar por la realidad, y sobre todo, abrir espacios nuevos en nuestras familias y comunidades donde los niños y jóvenes puedan seguir aprendiendo.