Opinion

Píldora Dorada

Por: Luís Orozco Córdoba

Coincidieron por estos días en la prensa dos noticias que para el lector desprevenido podrían no guardan relación alguna pero que, leídas más con malicia que con perspectiva histórica, se entrelazan y despiertan interés y prevención.

La primera de ellas, la conmemoración el 27 de enero del Día Internacional de Recuerdo del Holocausto establecido por Asamblea General de las Naciones Unidas tomando para ello la fecha de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau por parte de las tropas soviéticas en 1945, recordación instituida no solo para rendir homenaje a las víctimas del nazismo y a quienes sobrevivieron al horror de los campos de concentración sino para contrarrestar el olvido -que todo lo cura-, para neutralizar las pretensiones justificatorias de autores y defensores del genocidio y, de manera principal, las teorías negacionistas de quienes de manera obcecada rechazan la verdad histórica de que la Alemania nazi haya aniquilado sistemáticamente a grupos humanos considerados inferiores, que “… no asesinaron a seis millones de judíos, que la noción de que hubo cámaras de gas para matar masivamente es un mito, y que cualquier muerte de judíos ocurrida bajo el dominio nazi fue resultado de la guerra, no de una persecución sistemática y asesinato masivo organizado por el Estado” (Deborah Lipstadt, historiadora estadounidense), también para mantener la vigencia de la consigna de Auschwitz, nunca más.

La segunda noticia que anotamos coincidente con la referida al Holocauso es el cambio de nombre del partido FARC decidido a las volandas y no sin alguna oposición de parte de su militancia el 24 de enero, anticipándose su dirigencia de manera asaz sospechosa a la decisión de la JEP, cuya Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas en auto del 26 de enero resuelve individualizar en los antiguos miembros del Secretariado del grupo guerrillero la autoría de crímenes de guerra y de lesa humanidad no amnistiables de “toma de rehenes y otras graves privaciones de la libertad cometidas por la FARC-EP”, lo cual en lenguaje llano equivale a imputar esos crímenes a los comandantes de la antigua guerrilla que hoy fungen como dirigentes de su partido y, algunos de ellos, como parlamentarios.

Este cambio de divisa se nos muestra como el preludio de próximas acciones justificatorias y negacionistas que emprenderán los criminales individualizados, sus “amigos de la paz”, los controladores de la historia y los constructores de la nueva verdad para borrar de la memoria de los colombianos los crímenes de guerra y de lesa humanidad cometidos por las FARC, los cuales descalificarían en cualquier país del mundo a sus autores como actores políticos con legitimidad. Nos están dorando la píldora.

Coda: Para titular estas líneas acudí a la ayuda de un posible y lejanísimo pariente: Sebastián Covarrubias y Orozco quien en el siglo XVII definió así la píldora: “… unas pelotillas medicinales y purgativas, que se toman por la boca, y los boticarios suelen dorarlas para disimular el amargo del azibar que llevan dentro: y así quedó por proverbio: Pildora dorada.” (Tesoro de la lengua Castellana o Española)