Opinion

Reflexiones pos-Juegos… Las deudas y retos de los Juegos Bolivarianos, Valledupar 2022

Por: Elmer Jiménez Silva                                                          

A una semana de haber terminado en la ciudad de Valledupar el más grande evento deportivo y cultural de la historia del municipio, son varias las reflexiones y conclusiones que quedan por hacer. Para iniciar, desde la perspectiva Deportiva, se cumplió con el compromiso, la ciudadanía llenó los escenarios, apoyó y disfrutó a plenitud cada competencia en disputa, eso fue sin duda alguna la nota alta de los JJBB, lo que deja en evidencia la necesidad imperante de la ciudad y sus habitantes de tener eventos de esta categoría. Para muchos, ésta fue su primera vez apreciando y experimentando sensaciones generadas por el hecho de poder presenciar espectáculos deportivos de alto nivel jamás vistos en la región. Parece básico, pero no lo es.

Lo que para el resto de ciudades en el país es una constante, como tener la oportunidad de asistir a grandes espectáculos, una ciudad llena de visitantes, hoteles llenos y una fiesta permanente de 13 días; en Valledupar el deporte se hizo leyenda.

Otro punto muy importante, fue el derrame económico vivido en nuestra ciudad por esos días que permitió ingresos sustanciales al sector comercial (Formal e informal), hotelero, gastronómico y de taxistas, que de haberse dado de una manera planeada y organizada hoy podríamos estar hablando de un verdadero impacto económico con unas cifras objetivas.

Ahora, desde la misma idea de conseguir la sede de los Juegos Bolivarianos para Valledupar concebimos aspectos relevantes para ser  anfitriones que quedaron consagrados en el documentos Dossier presentado a la organización deportiva (ODEBO) desde 2019, temas como: Estrategia eficiente de seguridad, que garantizara la tranquilidad de los deportistas, visitantes y habitantes de la ciudad,  un eficiente transporte público, el cual sigue padeciendo Valledupar, siendo la única ciudad capital de Colombia que no cuenta con este servicio y que además es uno de los indicadores determinantes de evolución de territorios; acompañado de una buena por no decir excelente, malla vial, con lo cual tampoco contamos. Una estrategia turística que estuviera a la altura de las circunstancias y que permitiera vender eficazmente nuestro territorio y posicionarlo como alta categoría, a nivel nacional e internacional.

No existió un sólo mecanismo que orientara y presentara las bondades turísticas de nuestro territorio. Dadas las características del evento, se requería una red hospitalaria en condiciones óptimas y con capacidad de respuesta; la construcción de una Villa Bolivariana que sirviera como alojamiento para los deportistas y que posteriormente se convirtiera en solución de vivienda digna para 576 familias Vallenatas de estrato 2 y 3; la puesta en marcha de un plan que garantizara la prestación eficiente de los servicios públicos en la ciudad (agua, luz, aseo y alumbrado público), todo esto brilló por la ausencia de llevarlo a cabo con rigor y con una planeación adecuada, digna de un evento de estas características, con un plan de comunicaciones que nos pusiera por lo alto como ciudad que puede recibir eventos de alta categoría.

En cuanto al transporte aéreo, un aeropuerto que diera abasto y evitara traumas en la prestación del servicio, como efectivamente sucedió, colas interminables para acceder a la sala de abordaje y para salir del aeropuerto; fue la misma oferta aérea que en temporadas normales, lo que ratifica que no hubo una visión de lo que podía representar para la ciudad.

La integración constante y permanente de la cultura con el evento deportivo debió ser el valor agregado y marca registrada de los juegos, lo cual se mostró tímidamente. Por último, y no menos importante, es la infraestructura deportiva, escenarios para garantizar el normal desarrollo de las competencias deportivas de los Juegos Bolivarianos, en este sentido, no nos podemos quejar, es el más notable de los elementos constitutivos. Quedó la ciudad con un equipamiento en materia de infraestructura deportiva envidiable, ahora uno de los tantos retos que dejan los Juegos es precisamente garantizar una estrategia que permita el estado óptimo de los escenarios, su buen uso y aprovechamiento y la auto sostenibilidad de los mismos.

La sumatoria de acciones en cada uno de estos aspectos de ciudad, se constituían como el verdadero y más preciado legado de los JJBB en su paso por Valledupar, más aun sabiendo que tendrán que pasar varios años para que volvamos a vivir una fiesta deportiva multidimensional y de carácter olímpico como este en la ciudad. Esta era una oportunidad única e inigualable para proyectar un plan de desarrollo pensado y construido alrededor de la realización de los JJBB, pero todo esto evidentemente ya no fue, tal vez porque nunca se dimensionó de lo que se trataba o peor aún, por los cálculos políticos que hasta en la misma ceremonia de inauguración se reflejó. Nos quedamos con el recuerdo de un excelente espectáculo deportivo, pero con el sin sabor que pudimos haber podido equipar la ciudad y saldar deudas viejas propias del verdadero desarrollo y progreso.